Órdenes del amor

 

Desde el momento en que llegamos a la vida pertenecemos a un determinado sistema de relaciones familiares. Más tarde nos integramos a otros sistemas como: el colegio, grupo de amigos, equipos de trabajo y otros más amplios como lo son las religiones, culturas, países y, al final, al sistema del universo. Y en todos estos sistemas existen Órdenes, en cada uno de distinta manera, que al respetarlos nos permiten avanzar y vivir en sintonía, en caso contrario nos detienen. De manera que al respetarlos nos permiten avanzar y vivir en sintonía, en caso contrario nos detienen. De manera más fuerte sentimos los Órdenes en la familia: Si los respetamos, el amor puede fluir. Por eso Bert Hellinger los llama "Órdenes del Amor".

Todos somos miembros de nuestro sistema familiar. Todos somos hijos de un padre y una madre, que a su vez, también son hijos de un padre y una madre, no importa si ya murieron, si los conocimos o no. Nadie tiene el poder de cuestionar este sistema en el que nace. Tampoco puede negar a su familia, sin negarse a sí mismo. Estamos ligados con profundos lazos de lealtad a nuestra familia, y seguimos las leyes que la dirigen y la unen.Como un árbol, que tiene su forma y su lugar en el que crece a su propia manera.

El orden viene primero, después viene el amor. Bert Hellinger comprobó y observó que el amor puede desarrollarse en un orden correcto; si existe un desorden, el amor, aunque sea grande, no puede fluir.

 

Ahora bien, antes de observar las relaciones más detalladamente, hay que prestar la atención a algo muy importante: La teoría sistémica se trata de la investigación de las relaciones entre los fenómenos y no de la naturaleza de los fenómenos.

 

Lo mismo se aplica en el trabajo de Constelaciones Familiares y los Órdenes del Amor, también se refiere a las relaciones. Las relaciones no son fijas, tampoco las actitudes o características de los miembros de la familia, pues éstos cambian en distintos contextos. Por eso se puede asfixiarlos. Por eso no tiene sentido decir que una persona "es" de tal manera, sino que "parece ser", de esta forma conseguimos información sobre el sentido del comportamiento y también del funcionamiento del sistema.

 

 

El logro en la relación

 

El primer Orden es la vinculación.

 

Cada ser humano tiene la necesidad de estar vinculado. El niño siente la vinculación como amor y felicidad, no importa de qué manera crece, ni en qué circunstancias y no importa cómo son los padres. El hijo sabe que pertenece, ese saber y ese vínculo es amor. Uno tiene que ver el poder de esa vinculación, porque por ese amor, el hijo es capaz de sacrificar su vida.

 

El segundo Orden es el equilibrio entre el dar y el tomar.

 

Todos los sistemas humanos tienen la tendencia y la necesidad de equilibrarse. Esto es una ley natural que se muestra en las relaciones como la necesidad de dar y tomar.

Hay que diferenciar: el intercambio entre un hombre y una mujer en pareja, es distinto al intercambio entre padres e hijos. Una pareja tiene la necesidad de equilibrar entre dar y tomar. Pero en la relación entre padres e hijos no se puede lograr el equilibrio de la misma manera, pues los padres dan y los hijos toman. Los hijos nunca pueden dar a los padres lo que ellos recibieron. Porque el equilibrio tiene que ver también con el tiempo y el orden siguiendo una jerarquía: Aquéllos que vinieron antes dan a aquéllos que vienen después. Esto funciona también en relación a los hermanos.

 

El tercer Orden se refiere a las normas y reglas del grupo.

 

En todas las relaciones se desarrollan normas, reglas, rituales, convicciones y tabúes que tienen valores para todos los miembros. De esta manera se estructura una relación en un sistema con órdenes y reglas. Estos órdenes son conocidos y visibles, pero detrás de éstos actúan órdenes invisibles, ya anticipados, que no se dejan negociar.

Resumiendo, se puede decir que existen tres necesidades elementales que son responsables para lograr una relación y la conciencia está al servicio de las tres.

Una relación tiene éxito solamente si estas tres condiciones están ejecutándose a la vez. No hay vinculación sin equilibrio entre dar y tomar y sin reglas; no hay equilibrio sin vinculación y reglas; y no hay reglas sin vinculación y equilibrio.

Cuando uno quiere dar solamente, se queda en la posición de tener pretensión. Esta actitud se encuentra en personas que trabajan en el ámbito de ayuda, dan pero no quieren tomar. Otros se niegan a tomar, quieren guardar su inocencia; de esta manera se sienten sin la obligación y superiores a aquéllos de quienes toman. Esta negación se dirige muchas veces hacia los padres de familia; de esta manera la persona se siente vacía e insatisfecha.